“El limonero real”(1974), de Juan José Saer (1937-2005)

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Foto: R.B (Juntalibros)


 

AMANECE.

Y YA ESTÁ CON LOS OJOS ABIERTOS.

 


 

<<Tiene la frente húmeda Detrás están las zonas llenas de golpes intermitentes que martillean y destellan, los fragmentos podridos de realidad que se destiñen y deslavan empalideciendo cada vez más y volviéndose exangües, la luna móvil y titilante errabundeando en una región de pantanos a los que de golpe ilumina, fugaz y fragmentariamente.>> (Pág. 88)

 

<<Por momentos alcanza esa precisión estéril de lo que no obstante no puede ser nombrado; una precisión que no es propiamente comprensión ni tampoco, desde luego, lenguaje. Se trata de una certidumbre terrible pero informulable, y mientras queda al margen de esa formulación el reconocimiento quedará en suspenso.>> (Pág. 133)

 

<<Ahora su mirada va bajando de la copa de los árboles entre cuyas hojas la luz pega y resbala, diseminándose entre los intersticios de la fronda, y se detiene medio metro por el medio de la cabeza de Rogelio, viendo más allá, entre los troncos de los paraísos, amontonarse en desorden las ramas, las flores y los troncos de los árboles que nadie plantó, envueltos en esa claridad verdosa en que ellos mismos transforman la luz solar que cae gradual desde la altura desplazándose y diseminándose en todas las direcciones por la refracción de las hojas.>> (Pág. 162)

 


 

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“Poemas selectos y visión de memoria”(2009), de Tomas Tranströmer(1931-2015)

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Foto: R.B(Juntalibros)

 


 

Meditación agitada

Una tormenta hace girar las aspas del molino

que salvajemente, en la oscuridad de la noche, muele la nada.

Las mismas leyes te mantienen despierto.

La panza del tiburón gris es tu débil lámpara.

 

Recuerdos difusos se hunden en la profundidad del mar

y allí se petrifican junto a extrañas columnas. Verde

de algas está tu muleta. Quien

se va hacia la mar regresa rígido.

 

De 17 POEMAS(1954)


 

 

“Kyrie”

A veces, mi vida abría los ojos en la oscuridad.

Una sensación como de multitudes ciegas e inquietas,

que pasan por las calles camino de un milagro,

mientras yo, invisible, permanecía inmóvil.

 

Como el niño que se duerme con miedo

escuchando los pasos pesados del corazón.

Largo tiempo, hasta que la mañana pone sus rayos en la

cerradura

y se abren las puertas de la oscuridad.

 

De SECRETOS EN EL CAMINO (1958)


 

 

Una noche de invierno

La tormenta posa su boca en la casa

y sopla, buscando el tono.

Yo duermo inquieto, doy vueltas, leo

a ojos cerrados el texto de tormenta.

 

Mas grandes son los ojos del niño en la penumbra

y la tormenta gime para el niño.

Ambos gustan de lámparas que oscilan.

Ambos están a mitad de camino al lenguaje.

 

La tormenta con manos y alas infantiles.

Se desboca la caravana a Laponia.

Y la casa siente la constelación de clavos

que mantiene unidas las paredes.

 

La noche está calma sobre nuestro piso

(donde todos los pasos que han resonado

descansan como hojas caídas al estanque)

¡pero afuera la noche está salvaje!

 

Sobre el mundo anda una tormenta más seria.

pone su boca sobre nuestra alma

y sopla, buscando el tono. Tememos

que la tormenta sople hasta vaciarnos.

 

de EL CIELO A MEDIO HACER (1962)


 

 

Formulas de invierno

I

Me dormí en mi cama

y desperté en la quilla.

 

Cuatro de la mañana,

cuando los roídos huesos de la existencia

se tratan con frialdad entre sí.

 

Dormí entre golondrinas

y desperté entre águilas.

 

II

A la luz del faro, el hielo

del camino reluce como grasa

 

No es África.

No es Europa.

No es ninguna otra parte sino <<AQUÍ>>.

 

Y eso que era <<YO>>

es sólo una palabra

en la lúgubre boca de diciembre.

 

III

Los pabellones del hospicio

expuesto en lo oscuro

brillan como pantallas de TV.

 

Un diapasón oculto

En el gran frío

emite su tono.

 

Bajo el cielo estrellado

siento al mundo que entra

y sale reptando de mi abrigo

como de un hormiguero.

 

IV

Tres robles negros surgen de la nieve.

Tan toscos pero tan hábiles.

De sus grandes botellas

saldrá espumeante el verde en primavera.

 

V

El autobús se arrastra por la noche invernal.

Brilla como una nave en el bosque de abetos,

allí donde el camino es un profundo

y estrecho canal muerto.

 

Pocos pasajeros: unos viejos y otros muy jóvenes.

Si se detuviese y apagase las luces

se aniquilaría el mundo.

 

De TAÑIDOS Y HUELLAS (1966)


 

 

Respiro en julio

Quien yace de espaldas bajo los altos árboles

también está allá arriba. Se ramifica en miles de brotes,

se mece hacia delante y hacia atrás,

sentado en una catapulta que en cámara lenta se desprende.

 

Quien está junto a muelles hace guiños al agua.

Los muelles envejecen más rápido que los hombres.

Maderas agrisadas y piedras en el vientre.

Penetra sin embargo la luz cegadora.

 

Quien viaja el día entero en barca abierta

sobre los brillantes fiordos

se dormirá al final en una lámpara azul

mientras las islas reptan como grandes mariposas nocturnas

sobre el vidrio.

 

De VISIÓN NOCTURNA (1970)


 

 

Mas adentro

 

En la gran entrada a la ciudad

cuando el sol está bajo.

El tráfico se hace denso, repta.

Es un pesado dragón reluciente.

Soy una de las escamas del dragón.

De pronto está el sol rojo

frente al parabrisas

e inunda el coche.

¡Estoy iluminado

y una escritura se hace visible

dentro de mí,

palabras con tinta invisible

que aparecen

cuando el papel se acerca al fuego!

Sé que debo ir lejos,

atravesar la ciudad y luego

más allá, hasta que sea hora de ir

a caminar largamente por el bosque.

A seguir las huellas del tejón.

Se oscurece, se dificulta la visión.

Allí, en el musgo, hay piedras.

Una de esas piedras es valiosa.

Ella puede transformarlo todo,

puede hacer brillar la oscuridad.

Es un interruptor para todo el país.

Todo depende de ella.

Verla, tocarla…

 

de SENDEROS (1973)


 

 

Respuesta a una carta

En el último cajón del escritorio encuentro una carta que llegó por primera vez hace veintiséis años. Una carta aterrada que aún ahora, al llegar por segunda vez, respira.

Una casa tiene cinco ventanas: a través de cuatro de ellas el día brilla claro y tranquilo. La quinta da a un cielo negro, relámpagos y tormenta. Yo estoy en la quinta ventana. La carta.

A veces, se ensancha un precipicio entre el martes y el miércoles, pero en un instante pueden transcurrir veintiséis años. El tiempo no es una línea recta sino más bien un laberinto, y si uno se acuesta contra la pared en el lugar adecuado puede oír los pasos apurados y las voces, uno puede oírse a sí mismo transitar allí, del otro lado.

¿Tuvo esta carta alguna vez respuesta? No lo recuerdo, fue hace tiempo. Los incontables umbrales del mar continuaron pasando. El corazón continuó dando sus brincos segundo a segundo, como el sapo en la hierba húmeda de la noche de agosto.

Las cartas no contestadas se hacinan en lo alto, como nubes cirrostratos que anuncian mal tiempo. Ellas debilitan los rayos solares. Un día contestaré. El día en que esté muerto y por fin pueda concentrarme. O por lo menos esté tan lejos de aquí como para que pueda volver a encontrarme. Cuando vaya, recién llegado a la gran ciudad, por la calle 125, en el viento de la calle de las basuras danzantes. Yo, que amo el deambular y el desaparecer en la multitud, una letra T en la interminable masa del texto.

de PLAZA SALVAJE (1983)


 

Arcos románicos

Dentro de la enorme iglesia románica se apiñaban los turistas en la penumbra.

Bóveda abierta tras bóveda y sin vista de conjunto.

Algunas llamas de cirios aleteaban.

Un ángel sin rostro me abrazó

y susurró por todo el cuerpo:

“!No te avergüences de ser hombre, sé altivo!

Dentro de ti se abre, interminablemente, bóveda tras bóveda.

Nunca estarás completo, y así ha de ser.”

Me cegaron las lágrimas,

fui empujado a la piazza que hervía bajo el sol

junto con Mr. y Mrs. Jones, el Señor Tanaka y la Signora Sabatini

y dentro de todos ellos se abría bóveda tras bóveda, interminablemente.

 

de PARA VIVOS Y MUERTOS (1989)


 

 

Abril y silencio

La primavera yace desierta.

La zanja, oscura como terciopelo

se arrastra junto a mí

sin reflejos.

 

Tan solo irradian

las flores amarillas.

Soy llevado en mi sombra

como un violín

en su caja negra.

 

Lo único que quiero decir

reluce fuera del alcance

como la plata

en la casa de empeños.

 

de GÓNDOLA FÚNEBRE (1996)


 

Los recuerdos

“<<Mi vida>>. Cuando pienso estas palabras veo frente a mí un rayo de luz. En una aproximación mayor, el rayo de luz tiene la forma de un cometa, con cabeza y cola. La extremidad más intensa, la cabeza, es la infancia y los años de crecimiento. El núcleo, su parte más densa, es la más temprana infancia en la que los rasgos más importantes de nuestras vidas se definen. Intento recordar, intento deslizarme hacia allí. Pero es difícil moverse en esas densas regiones, es peligroso; siento como si me acercase a la muerte. Hacia atrás el cometa se adelgaza –es la parte más larga, la cola. Se hace más y más densa pero también cada vez más ancha. Ahora estoy en el extremo de la cola del cometa, tengo sesenta años cuando escribo esto.” (Pág. 157)

de VISIÓN DE MEMORIA (1993)


 

Trd.: Roberto Mascaró

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Los días que no se nombran. Antología Personal 1958-2010 (2014), de José Emilio Pacheco (1939 – 2014)

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Foto: R.B (Juntalibros)

 


De algún tiempo a esta parte

I

Aquí está el sol con su único ojo, la boca escupe fuego que no se hastía de calcinar la eternidad. Aquí está como un rey derrotado que mira desde el trono la dispersión de sus vasallos.

Algunas veces, el pobre sol, el heraldo del día que te afrenta y vulnera, se posaba en su cuerpo, decorando de luz todo lo que fue amado.

Hoy se limita a entrar por la ventana y te avisa que ya han dado las siete y tienes por delante la expiación de tu condena: los papeles que sobrenadan en tu oficina, las sonrisas que los otros te escupen, la esperanza, el recuerdo… y la palabra: tu enemiga, tu muerte, tus raíces.

 

 

II

El día que cumpliste nueve años, levantaste en la playa un castillo de arena. Sus fosos comunicaban con el mar, sus patios hospedaron la reverberación del sol, sus almenas eran incrustaciones de coral y reflejos.

Una legión de extraños se congregó para admirar tu obra. Veías sus panzas comidas por el vello, las piernas de las mujeres, mordidas por cruentas noches y deseos.

Saciado de escuchar que tu castillo era perfecto, volviste a casa, lleno de vanidad. Han pasado doce años desde entonces, y a menudo regresas a la playa, intentas encontrar restos de aquel castillo.

Acusan al flujo y al reflujo de su demolición. Pero no son culpables las mareas: tu sabes que alguien lo abolió a patadas –y que algún día el mar volverá a edificarlo.

 

 

III

En el último día del mundo – cuando ya no haya infierno, tiempo ni mañana – dirás su nombre incontaminado de cenizas, de perdones y miedo. Su nombre alto y purísimo, como ese roto instante que la trajo a tu lado.

 

 

IV

Suena el mar. La antigua lámpara de alba incendia el pecho de las oscuras islas. El gran buque zozobra, anegado de soledad. Y en la escollera herida por las horas, de pie como un minuto abierto, se demora la noche.

Los seres de la playa tejieron laberintos en el ojo del náufrago, próximo a ser oleaje, fiel rebaño del tiempo. Alga, litoral verde, muchacha destruida que danza y brilla cuuando el sol la visita.

 

 

V

De algún tiempo a esta parte, las cosas tienen para ti el sabor acre de lo que muere y de lo que comienza. Aspero triunfo de tu misma derrota, viviste cada día con la coraza de la irrealidad. El año enfermo te dejó en rehenes algunas fechas que te cercan y humillan, algunas horas que no volverán pero que viven su confusión en la memoria.

Comenzaste a morir y a darte cuenta de que el misterio no va a extenuarse nunca. El despertar es un bosque de hallazgos, un milagro que recupera lo perdido y que destruye lo ganado. Y el día futuro, una miseria que te encuentra solo: inventando y puliendo tus palabras.

Caminas y prosigues y atraviesas tu historia. Mírate extraño y solo, de algún tiempo a esta parte.

De “Los elementos de la noche” (1963)


El reposo del fuego (1966)


 

No me preguntes como pasa el tiempo

En el polvo del mundo se pierden ya mis huellas

 Me alejo sin cesar

 No me preguntes como pasa el tiempo.

 Li Kiu Ling traducido por Marcela de Juan

 

Al lugar que fue nuestro llega el invierno

y cruzan por el aire las bandadas que emigran.

Después renacerá la primavera,

revivirán las flores que sembraste.

Pero en cambio nosotros

ya nunca más veremos

la casa entre la niebla.

 

De  No me preguntes cómo pasa el tiempo(1970)


 

A quien pueda interesar

Que otros hagan aún

el gran poema

los libros unitarios

las rotundas

obras que sean espejo

de armonía

A mí sólo me importa

el testimonio

del momento que pasa

las palabras

que dicta en su fluir

el tiempo en vuelo

La poesía que busco

es como un diario

en donde no hay proyecto ni medida

De Irás y no volverás (1973)

 


Horas altas

En esta hora fluvial

hoy no es ayer

y aún parece muy lejos la mañana

 

Hay un azoro múltiple

Extrañeza

de estar aquí de ser

en un ahora tan feroz

que ni siquiera tiene fecha

 

¿Son las últimas horas de este ayer

o el instante en que se abre

otro mañana?

 

Se me ha perdido el mundo

y no sé cuándo

comienza el tiempo

de empezar de nuevo

 

Vamos a ciegas en la oscuridad

Caminamos a oscuras

en el fuego

De Islas a la deriva (1976)


 

Desde entonces

Hubo una edad (siglos atrás, nadie lo recuerda)

en que estuvimos juntos meses enteros,

desde el amanecer hasta la media noche.

Hablamos todo lo que había que hablar.

Hicimos todo lo que había que hacer.

Nos llenamos

de plenitudes y fracasos.

En poco tiempo,

incineramos los contados días.

Se hizo imposible

sobrevivir a lo que unidos fuimos.

Y desde entonces la eternidad

me dio un gastado vocabulario muy breve:

“ausencia”, “olvido”, “desamor”, “lejanía”.

Y nunca más, nunca más, nunca, nunca

De Desde entonces (1979)


 

Volver al mar

 

Sombra

de los alcantilados en el mar

o mancha ondulante

de pez, de ave o de piedra.

Nada se mueve bajo el sol si el mar

es la inmovilidad del movimiento.

Y desde que empezó a ser mar

y perdió su planeta

está insistiendo con las mismas olas

en su plegaria plañidera

que de repente se transforma en la furia,

el tormento de la tormenta.

 

Este pedazo del inmenso mar

para mí es todo el mar

o como si lo fuera,

porque siempre regreso a verlo.

Y cuando pienso en mar

dentro de mí se forma esta imagen.

Quiero decir:

lo llevo tan dentro

que su rumor es como el caudal de la sangre.

Y desde mi subjetividad deleznable,

el mar se habrá cambiado en desierto

cuando ya no esté aquí para mirarlo y amarlo;

cuando mi ceniza

arda por un instante en la espuma rota

y de nuevo sea

átomo de la nada o de la vida invencible

en la totalidad del océano unánime.

De Los trabajos del mar (1983)


 

Miro la tierra (1987)


 

 

Live Bait

 

1

 

¿Cuántos minutos faltan todavía

para que descomience lo empezado?

 

Live bait: letras de neón en la noche.

Rumor de arroyo y cascada.

Olor a comida.

Sólo este idioma

distingue cruel entre un pez y un pescado.

 

Live bait:

grandes campos de fango y entre el lodo

se multiplican las lombrices.

Cavan (y no lo saben) para airear la tierra.

Viven (y no lo saben) para servir de carnada.

 

Aquí venden lombrices por docena.

Jack Köning da un trago a su licor (mortal)

y fuma su tabaco (mortífero).

 

Live bait: las letras que se encienden y apagan,

ocultan y descubren nuestra efímera cara.

 

2

 

“Pago lo que me como y la pocilga en que vivo

recogiendo lombrices”, dice Jack Koning.

“Mil por hora, hasta diez mil algunos días.

Pobres agusanadas color carne.

 

Mejor no hablar de lo que me

recuerdan cuando se agitan

en las bolsas que cubro

de aserrín para absorber lo viscoso

de mis amigas, mis servidoras, mis víctimas.

Soy como ellas: el patrón me deja

tan sólo diez centavos de la docena

que él vende a tres veinticinco.”

 

Live bait: carnada viviente.

Prosigue Jack: “Hay dos clases:

Bloodworms, que no valen mucho

por su abundancia, y Nightcrawlers.

 

la aristocracia en su género”.

(Bloodworms: gusanos de sangre.

 

Nightcrawlers: los que reptan de noche.)

 

3

 

El doctor Job y el doctor Freud

desde la tumba aplauden a

este maestro de vida.

 

Koning resume

sus enseñanzas y experiencias

al llamarnos así: gusanos de sangre

que se afanan y reptan por la noche.

 

Y eso que las lombrices no hacen la guerra,

no hablan de amor

ni destruyen el mundo para ser ricas y fuertes.

Los peces no torturan.

No cobran nunca

intereses sus bancos.

Como son mudos

nunca aprendieron a mentir y engañar.

 

Y las lombrices no traicionan

a nadie ni se creen nada.

No se sabe que opriman a otras lombrices.

Clavados en el anzuelo y también agitándonos,

todos nosotros esperamos, live bait,

que muerda el pez y moriremos unidos.

El enemigoaliado, verdugovíctima.

Qué solidaria es la derrota.

Qué mutualismo engendra la catástrofe.

Qué ocupación tan minuciosa

la del odiado en el odiante.

Alguien se beneficia con todo esto

y él a su vez será pescado por otro

–y tampoco lo sabe.

 

4

 

“Cavan el suelo en busca de frescura.

Sólo quieren vivir tranquilas.

Después de la lluvia salen a respirar y encuentran mi lámpara

y la cubeta que lleva a su prisión y exterminio

las lombrices incautas como las truchas.”

Incautas no nada más las lombrices y truchas.

Desde el punto de vista de otras galaxias

somos tal vez peces en el mar de aire, el

maraire; lombrices

que perforan la tierra, el planeta Tierra

 

5

 

Nadie se burle de los primitivos

pues no se dejan retratar para que no les roben el alma.

Los primitivos de esta era juzgamos dioses

a los gigantes invisibles

(destino, historia)

que se divierten pescándonos.

 

Yo (que soy tú si te engancharon mis líneas)

salgo de entre mi lodo o muerdo el anzuelo

que prometía placer o poder o consuelo o dicha

–o simplemente paz, olvido, nirvana–

y estoy aquí debatiéndome.

Cómo me han engañado. Qué tonto fui

al suponerme distinto de mis hermanas las lombrices

o de mi hermano el pez (el odiante:

lo que respiro a él lo asfixia).

 

Live bait, live bait: todos hijos

de nuestra inmisericorde Madre la Vida

que se alimenta de Muerte.

O de la Madre Muerte que se alimenta de Vida.

Una de dos o las dos son la misma

 

Live bait nosotros también,

los encarnados para ser carnada,

lombrices pensantes a quienes programaron con

lenguaje y conciencia para reflexionar en su desdicha

 

Y a pesar de todo esto aún creo en ti,

enigma de lo que existe:

horrible, absurda, gloriosa vida

que no cambiamos (ni en el anzuelo) por nada.

De Ciudad de la memoria (1990)


 

Nuevo orden

Lo acumulado se rebela en caos,

secuestro bajo la muchedumbre ingobernable

de papeles y objetos.

 

No hay que rendirse al pasado

sino echar por la borda el lastre.

 

Lo que fue hecho para frenar el instante

se transforma en cadáver de aquel instante.

 

Vivir ligeros, sin souvenirs, sin archivos.

Lo que ha sido se ha ido.

Ya se fue.

 

El mañana

vendrá como quiera y sin miramientos.

 

Sobre todo sin miramientos.

De El silencio de la luna (1996)


 

Memoria

No tomes muy en serio

lo que te dice la memoria.

 

A lo mejor no hubo esa tarde.

Quizá todo fue autoengaño.

La gran pasión

sólo existió en tu deseo.

 

Quién te dice que no te está contando ficciones

para alargar la prórroga del fin

y sugerir que todo esto

tuvo al menos algún sentido.

De La arena errante (1999)


 

La moda

La moda pasa de moda.

La desnudez sigue intacta

como al principio del mundo.

De Siglo pasado (2000)


 

Despoblación

Herida de hallar entre papeles destruibles una agenda remota: archivo muerto de los muertos, necrópolis de las ausencias y los afectos perdidos. La deshabitan personas de otras épocas y otros lugares. Unas cuantas siguen aquí a la distancia de algunas calles, un número telefónico o una dirección de Internet –pero en sitios que no volveré a ver, recintos adonde no hay retorno posible.

 

Entre tanta destrucción queda una parte edificante. En el zafarrancho general de la vida, en la guerra perpetua y la separación interminable, sobreviven, y nada puede ya borrarlos, el segundo de amor, el minuto de acuerdo, el instante de amistad. Basta para vivir agradecidos con esos nombres que no volveremos nunca a pronunciar.

De Tarde o temprano (Poemas 1958-2009)


 

La mayoría de edad

 

La mayoría de edad

no se alcanza por fecha de nacimiento

ni consta en los archivos oficiales.

Nos graduamos de adultos nada más

cuando alguien nos deja.

En plena juventud llega de pronto

el sabor de la muerte.

De Como la lluvia (2009)


 

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“Los tres últimos días de Fernando Pessoa y otros cuentos”(2010), de Antonio Tabucchi (1943-2012)

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Foto: R.B (Juntalibros)


INDICE

Los tres últimos días de Fernando Pessoa, 2000

Ángel negro, 1998.

Aserrín, aserrán.

Los volátiles del Beato Ángélico, 1991

La frase siguiente es falsa. La frase anterior es verdadera.

El gato de Cheshire

Vagabundeo

Una jornada en Olimpia


 

 

<<La vida es indescifrable, respondió Pessoa, nunca hay que preguntar, todo está oculto.>> (Los tres últimos días de Fernando Pessoa, 2000, p. 19.)

<<¿En qué parte del mundo?, preguntó António Mora. En el mundo, respondió Pessoa>> (Idem, p. 41.)


 

 

<<Porque el tiempo pasa y devora las cosas, tal vez quede solo la idea.>> (El gato de Cheshire, p. 84)


 

 

<<Y aquélla era la extraña función del arte: llegar con el azar a personas al azar, porque todo es azar en este mundo, y el arte nos lo recuerda, y por eso nos pone melancólicos y nos reconforta. Nada explica, como no explica el viento: llega, agita las hojas y los árboles quedan atravesados por el viento, y el viento vuela y se marcha.>> (Vagabundeo, p. 105)


 

 

<<Los pies veloces del Tiempo, que dejan huellas de las cosas en la memoria sin que esas cosas existan ya.>> (Una jornada en Olimpia, p. 110)


 

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“Si una noche de invierno un viajero…”(1979), de Italo Calvino (1923-1985)

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Foto: R.B (Juntalibros)

 


 

 

       Hay libros que desde el primer párrafo proponen su ficción bajo un pacto silencioso e íntimo al curioso visitante de sus páginas; y otros, no demasiados, en donde ese pacto aventura con realizarse a través de la propia figura del lector, que no deberá perder la particular ansiedad de ir conociendo e imaginando su destino, ya escrito. Pueda que un ingenuo asomo al inicio de  Si una noche de invierno un viajero (1979) despierte la atención de aquel que busca la sorpresa de un pacto auténtico y novedoso. Y así, de pronto, la realidad que lo circunda como lector se vea nublada por el hecho literario: Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto.

      De ese modo comienza la penúltima novela del escritor italiano nacido en Cuba, Italo Calvino (1923-1985), reconocido novelista del siglo xx, no solo por ser un gran exponente del género fantástico, sino también por su última etapa creativa, vinculada a la literatura combinatoria, en donde el máximo de compilación de formas estilísticas estalla y cancela con los mínimos espacios que parecen haber dejado las estructuras de la novela moderna.

      En Si una noche de invierno un viajero este ejercicio o propuesta narrativa se enmarca desde un lector trasladado al mundo ficcional, que irá leyendo(se) e interrumpiendo(se) dentro de un tiempo fragmentado por peripecias. El lector-personaje se desliza hacia diversas situaciones y ambientes que se irán proyectando como escenarios de lo paródico, desarrollando una aventura de lectura en torno a aquellos personajes que integran el mundo literario: escritores, editor, traductores, lectora, tipos de lectura,  traductores, censuradores, apóstatas del libro y la lectura, críticos y autores apócrifos.

    Frente a una obra como esta, tan tupida de tramas, de combinaciones de estilos, temáticas y materiales que se van sumando entre un capítulo y otro, algunos podrían modelar aquella temprana conclusión que Emilio Renzi anotó en sus años de formación: “Para leer, hay que aprender a estar quieto.” Quizá de este modo se logre sortear en la lectura de esta novela la fórmula que resume  su invención de la invasión: un lector real es invadido por un lector ficcionalizado, cuya realidad ficcional se verá igualmente invadida por una ficción invadida por lo apócrifo. Entre los intersticios de los acontecimientos del lector-personaje se irán entretejiendo, consecuentemente, los íncipit de otras novelas que aflorarán hacia la nada. Pero en cada íncipit de esas novelas no solo  subyace un diálogo con la novela misma, sino también con el lector, quien se sentirá interpelado ya no por aquel narrador en segunda persona que dicta su movilidad como personaje de la novela que se cuenta, sino por la experiencia misma de la lectura de ficción; es decir, la literatura, esa especie de voz como “una cosa que está ahí, una cosa hecha de escritura, un objeto sólido, material, que no se puede cambiar, y a través de esta cosa nos enfrentamos con alguna otra que no está presente, alguna otra que forma parte del mundo inmaterial, invisible, porque es solo pensable, imaginable, o porque ha existido y ya no existe, ha pasado, perdida, inalcanzable, en el país de los muertos…” y sin embargo se siente viva y nos acerca a la libertad de elegir un modo de leernos y preguntarnos, desde nuestra realidad: “¿Cuál historia espera su fin allá abajo?”.

 

 R.L


 

 

<<Quién eres, Lector, cuál es tu edad, tu estado civil, tu profesión, tu renta, sería indiscreto preguntártelo. Asuntos tuyos, allá penas. Lo que cuenta es el estado de ánimo con que ahora, en la intimidad de tu casa, tratas de restablecer la calma perfecta para sumergirte en el libro, alargas las piernas, las encoges, vuelves a alargarlas. Pero algo ha cambiado, desde ayer. Tu lectura ya no es solitaria: piensas en la Lectora que en este mismo momento está abriendo también ella el libro, y hete aquí que a la novela por leer se superpone una posible novela por vivir, o mejor dicho: el inicio de una posible historia. Mira cómo has cambiado ya desde ayer, tú que sostenías preferir un libro, cosa sólida, que está ahí, perfectamente definida, disfrutable sin riesgos, en comparación con la experiencia vivida, siempre huidiza, discontinua, controvertida. ¿Significa que el libro se ha convertido en un instrumento, un cauce de comunicación, un lugar de encuentro? No por ello la lectura hará menos presa en ti; al contrario, algo se añade a sus poderes. >> (Pág. 51-52, Cap. II)

<<El pasado es como un gusano solitario cada vez más largo que llevo dentro enrollado y no pierde los anillos por mucho que me esfuerce en vaciarme las tripas en todos los retretes a la inglesa o a la turca o en los baldes de las cárceles o en los orinales de los hospitales o en las zanjas de los campamentos, o simplemente en las matas, mirando bien antes para que no aparezca una serpiente, como aquella vez en Venezuela.>> (Pág. 122,Cap: Mira hacia abajo donde la sombra se adensa)

<<En la degradación que la cautividad prolongada y promiscua impone al aspecto y la actitud de todos nosotros, esta mujer me parece protegida, aislada, envuelta como en una luna remota…>>   (Pág. 142, Cap. VI)

 


 

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“Portrait of the artist as a young man/ Retrato del artista adolescente” (1916), de James Joyce (1882—1941)

HELLOMOTOIDEN

Foto: R.B (Juntalibros)


<<Lo que él necesitaba era encontrar en el mundo real la imagen irreal que su alma contemplaba constantemente. No sabía dónde encontrarla ni cómo, pero una Voz interior le decía que aquella imagen le había de salir al encuentro sin ningún acto positivo por parte suya… Habrían de encontrar­se tranquilamente como si ya se conociesen de antemano, como si se hubieran dado cita en una de aquellas puertas de los jardines o en algún otro sitio más secreto. Estarían solos, rodeados por el silencio y la oscuridad. Y en el momento de la suprema ternura se sentiría transfigurado. Se desharía en algo impalpable bajo los ojos de ella y se transfiguraría ins­tantáneamente. La debilidad, la timidez, la inexperiencia caerían de él en aquel momento mágico.>> (76-77)


<<Nada se agita­ba en su alma fuera de una sensualidad fría, cruel y sin amor. Su niñez estaba muerta o perdida, y con ella, el alma propi­cia a las alegrías elementales. Y estaba derivando por la vida como la cáscara estéril dula luna.>> (112)


 

<<Era inútil y amargante, en fin, el oponer a su serena certidumbre el argumento de que el man­damiento del amor no nos ordena amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, con la misma cantidad e intensi­dad de amor que a nosotros mismos, sino con la misma es­pecie de amor.

Escogió una frase de su tesoro y se la repitió suavemente:

––Un día avellonado por las nubes del mar.

La frase, el día y la escena se armonizaban en un acorde único. Palabras. ¿Era a causa de los colores que sugerían? Los fue dejando brillar y desvanecerse, matiz a matiz: oro del na­ciente, verdes arreboles de pomares y avellanales, azul de ondas saladas, orla gris de vellones celestes. No. No era a causa de los colores: era por el equilibrio y contrabalanceo del período mismo. ¿Era que amaba el rítmico alzarse y caer de las palabras más que sus asociaciones de significado y de color? ¿O era que, siendo tan débil su vista como tímida su imaginación, sacaba menos placer del refractarse del bri­llante mundo sensible a través de un lenguaje policromado y rico en sugerencias, que de la contemplación de un mundo interno de emociones individuales perfectamente reflejado en el espejo de un período de prosa lúcida y alada? (197-198)


<<––Mira, Cranly ––dijo––. Me has preguntado qué es lo que haría y qué es lo que no haría. Te voy a decir lo que haré y lo que no haré. No serviré por más tiempo a aquello en lo que no creo, llámese mi hogar, mi patria o mi religión. Y trataré de expresarme de algún modo en vida y arte, tan libremente como me sea posible, tan plenamente como me sea posible, usando para mi defensa las solas armas que me permito usar: silencio, destierro y astucia. (…)

<<––Me has hecho confesar los miedos que siento. Pero te voy a decir ahora cuáles son las cosas que no me dan miedo. No me da miedo de estar solo, ni de ser pospuesto a otro, ni de abandonar lo que tenga que abandonar, sea lo que sea. No me da miedo el cometer un error, aunque sea un error de importancia, un error de por vida, tan largo tal vez como la misma eternidad.>> (295)


<<Sí, me ha gustado. ¿Mucho o poco? No sé. Me ha gustado, y el que me haya gustado resulta un sentimiento nuevo para mí. En ese caso, todo lo demás, todo lo que pensaba haber pensado, todo lo que sentía haber sentido, todo lo anterior, realmente… ¡Anda, déjalo, amigo! ¡Déjalo y que se te borre con el sueño!>> (302)


 

 

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“Don Juan” (1665), “Tartufo”(1665), de Molière (1622—1673)

P1070426

Foto: R.B (Juntalibros)

 


<<Escarcel (con una tabaquera en la mano): Por más que digan Aristóteles y toda la filosofía, no hay cosa como el tabaco. Es la pasión de la gente principal, y no merece vivir quien vive sin él. No solo alegra y purga el cerebro, sino que instruye el alma en la virtud, y gracias al tabaco puede cualquier hombre llegar a ser discreto. ¿No has visto que trato tan cortés dispensa el que lo toma a cuantos le rodean, y con qué gusto lo va ofreciendo a unos y a otros, donde quiera que se encuentra? Ni siquiera aguarda a que se lo pidan, antes se adelanta al deseo de los demás: hasta tal punto es cierto que el tabaco despierta en quien lo toma el sentido de lo honorable y lo virtuosos>> (Don Juan, Act. I, Esc. I, Pág. 5)

 

<<Don Juan: Nadie se avergüenza de comportarse así: la hipocresía es una moda. Y un vicio que está ala moda viene a ser como una virtud. El mejor papel que se pueda desempeñar en estos tiempos es el de hombre de bien. Y el profesar la hipocresía ofrece ventajas admirables. Es un arte cuya impostura se respeta siempre. Y, aunque se descubra, nadie se atreve a criticarla. Todos los otros vicios están expuestos a la censura, y cada cual es libre de atacarlos abiertamente. Pero la hipocresía es un vicio privilegiado que amordaza todas las bocas con su mano fuerte y goza en paz de una impunidad soberana.>> (Don Juan, Act. V, Esc. II, Pág.63)

 


 

<<Elmira: (…) Me gusta en las mujeres un juicioso recato, y nunca defenderé a esas virtuosas iracundas que arman su honor con garras y dientes y son capaces, a la menor palabra, de saltarle a la cara a quien sea. ¡El Cielo me guarde de semejante honestidad! Quiero una virtud sin fierezas, y creo que la discreta frialdad de un no tiene poder suficiente para desengañar a cualquier corazón enamorado.>>

<<Elmira: No. Siempre es fácil engañar a quien nos ama; y su amor propio le lleva a engañarse a sí mismo.>> (Tartufo, Act. IV, Esc.III, Pág. 33-34)

 

<<Tartufo: En resumen, son fáciles de destruir vuestros escrúpulos. Yo os aseguro el mayor secreto; y el mal reside únicamente en la publicidad que se le da. El escándalo público es el que ofende al Cielo, y pecar en silencio es como no pecar.>> (Tartufo, Act. IV, Esc.V, Pág. 139)


 

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